Spam

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Podría ser ésta una de aquellas “palabras aladas” de las epopeyas griegas, tan real como las aves que cruzan los aires, aunque su vuelo sea propio de un ave de rapiña. Todos conocemos su significado, pero porqué utilizamos la palabra spam y no, por ejemplo, trashmail (correo basura). Pues la respuesta tiene una curiosa historia.

Tenemos que subirnos a la maquina del tiempo, para remontarnos hasta los años treinta del siglo pasado. Un caluroso 5 de julio de 1937, en el condado estadounidense de Mower County (Minnesota), Geo. A. Hormel & Company lanza al mercado una especie de fiambre enlatado, fabricado con paleta de cerdo y jamón, al que terminarían llamando Spam. Según la versión oficial de la compañía, el nombre es un acrónimo de spiced ham (jamón especiado).

Aunque no tuvo la acogida esperada, el señor Hormel estaba convencido de que la fortuna le sonreiría, más temprano que tarde. Puso en marcha una intensa campaña publicitaria y consiguió un contrato para abastecer de carne en conserva al Ejército y la Marina. El spam se convirtió en la ración K (ración de combate) para los soldados estadounidenses y las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. La ex primera ministra británica Margaret Thatcher se refirió al spam como un “manjar de tiempos de guerra” y el ex primer ministro soviético Nikita Khrushchev declaró en sus memorias, Khrushchev Remembers, que “sin spam no habríamos podido alimentar a nuestro ejército”.

Pero bueno. ¿Qué tiene que ver la carne enlatada con el correo basura?, ¿cómo llegó el spam de las latas del señor Hormel al correo electrónico?

Otro salto en el tiempo, nos lleva al ficticio Green Midget Café de Bromley, en el sudeste de Londres, desde el que la BBC emite, en diciembre de 1970, un sketch del Flying Circus de los Monty Python llamado Spam. Una pareja, sentada en una mesa del café, junto a otra en la que hay varios vikingos, pregunta: “Buenos días, ¿qué tienen?” “Buenos, días. Tenemos huevos y spam; huevos, bacon y spam; huevos, bacon, salchichas y spam; spam, bacon, salchichas y spam; spam, huevos, spam, spam, bacon y spam; spam, spam, spam, huevos y spam; spam, spam, spam, spam, spam, spam, judías, spam, spam, spam y spam. O langosta Thermidor aux Crevettes con salsa Mornay, paté de trufa, coñac, huevo y spam”, le responde la regente del café. La mujer replica: “¿Tienen algo que no tenga spam?”. “Bueno, spam, huevos, salchichas y spam, no lleva mucho spam”. ¡No quiero nada con spam! se llega a escuchar mientras los vikingos ahogan sus quejas cantando a coro “spam, spam, spam, spam. ¡rico spam! ¡maravilloso spam! spam, spaaaaaam, spaaaaaam, spam. ¡rico spam! ¡rico spam! spam, spam, spam, spam”. Hasta 132 veces mencionan la palabra spam para disgusto de la pareja.

Todo esto les vino a la cabeza a los 392 miembros de Arpanet, cuando en 1978 recibieron un correo de su compañero Gary Thuerk, de Digital Equipment Corporation (DEC), en el que intentaba venderles un ordenador profesional por medio millón de euros al cambio actual. Aquella comunicación generó muchas quejas al departamento de Defensa de Estados Unidos y fue considerada tan intrusiva como el spam de los Monty Python. A partir de entonces, los internautas, hartos de recibir mails publicitarios no deseados, recordaron a aquella pareja que no podía evitar de ninguna manera el spam en su plato y terminaron dando ese nombre al correo basura.

En la página web de la empresa charcutera estadounidense, hoy Hormel Foods Corporation, presumen de que “cada segundo se comen 12,8 latas de productos SPAM en 44 países diferentes alrededor del mundo”. Siendo muchas latas, son muchas menos que los 983.796,3 correos no deseados que se envían cada segundo. Pero del nombre del correo basura tienen más culpa los Monty Phyton que el señor Hormel.

Hay palabras, aladas o no, que esconden en su biografía curiosas historias que contar y ésta es sin duda una de ellas.

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