Dooh Nibor y la brecha

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Erase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos. Había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Son los personajes que veía José Agustín Goytisolo cuando soñaba un mundo al revés.

En mis sueños aparece de manera recurrente un personaje al que he llamado Dooh Nibor, porque es el reverso exacto, la antítesis, de Robin Hood, el príncipe de los ladrones: se dedica a robar a los pobres para dárselo a lo ricos.

El problema es que no pertenece a aquel mundo al revés que soñaba Goytisolo porque cuando me despierto sigo viéndolo por todas partes y se reproduce como los gremlins. Tal es así que los ricos se hacen cada vez más ricos a costa de los pobres, que se empobrecen cada vez más a causa de los ricos. El resultado es lo que llaman la brecha.

Juezas y violencia de género

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Hace un par de semanas, Julia Otero retuiteaba esta foto del Rey con los miembros de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo en el acto solemne de apertura del Año Judicial, publicada por Leticia Dolera, preguntando si no nos producía, a los señores, bochorno, en un país con un 63% de juezas.

Pues claro que sí, pero al responderle le venía a decir que la reforma integral que necesita la justicia no depende tanto de lo que sus señorías lleven o no colgando bajo la toga como de lo que anide en sus cabezas.

Sólo unos días han sido suficientes para corroborarlo. El 25 de septiembre, Martina y Nerea, de 3 y 6 años, eran asesinadas por su padre. “Ya te puedes ir despidiendo de las niñas”. “Si es eso lo que quieres, terminarás haciéndole daño a las niñas. ¿Entiendes lo que te digo?”. “Me voy a cargar lo que más quieres”. “Tú sabes lo que haces: ya estás sentenciada”. Son algunas de las amenazas del parricida que constan en la denuncia que la madre interpuso. Itziar Prats había solicitado medidas de protección, tanto para ella como para las hijas, pero la magistrada titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 1 de Castellón rechazó la petición porque no vio una “situación objetiva de riesgo” y considerando “desproporcionada” la “imposición al investigado de medidas que restrinjan sus derechos”, denegó la orden de alejamiento.

El mismo día, Maguette Mbengou moría degollada por su marido en presencia de sus dos hijas. La fallecida había presentado una denuncia por malos tratos contra su marido, pero la magistrada titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 2 de Bilbao denegó imponerle una orden de alejamiento porque se había “aminorado el riesgo” y no apreciaba “agresividad en su esposo”. En el juicio celebrado un mes después de la denuncia, el marido fue absuelto, por falta de pruebas, de un delito de amenazas en sentencia dictada por la magistrada titular del Juzgado de lo Penal nº 6 de Bilbao.

Ya tenemos juzgados especializados en violencia contra la mujer, en violencia de género, y magistradas que, como titulares de los mismos, ocupan el centro de la foto de sus respectivos juzgados, pero a las víctimas de la violencia machista no les ha servido para nada. El problema de la Justicia es mucho más grave.

La paradoja de la reina roja

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En 1871, en “A través del espejo… y lo que Alicia encontró allí”, Lewis Carroll imaginó un mundo lleno de situaciones sugerentes con grandes paralelismos en nuestras vidas, como el pasaje en el que Alicia y la Reina Roja de la baraja se lanzan a una carrera desenfrenada. Nunca pudo explicarse cómo empezó. Todo lo que recordaba era que corrían cogidas de la mano y que la reina lo hacía tan velozmente que era lo único que podía hacer. Constantemente, la Reina Roja le gritaba:

  • ¡Más rápido, más rápido!

Y fueron tan rápido que al final parecía como si estuviesen deslizándose por los aires, sin apenas tocar el suelo con los pies; hasta que, de pronto, cuando Alicia ya creía que no iba a poder más, pararon y se encontró sentada en el suelo, mareada y casi sin poder respirar.

La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo amablemente:

  • Ahora puedes descansar un poco.

Alicia miró alrededor suyo y con gran sorpresa dijo:

  • Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!
  • ¡Por supuesto! –dijo la Reina–. Y ¿cómo iba a estar?
  • Bueno, en mi país –aclaró Alicia, jadeando aún– cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…
  • ¡Un país bastante lento! –replicó la Reina–. Aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio.

Aquél mundo al revés que descubrió Alicia al atravesar el espejo era el nuestro. Los acontecimientos se suceden a una velocidad endiablada y nos arrastran cogiéndonos de la mano, como la Reina Roja. Sin embargo, parece que seguimos en el mismo sitio. No avanzamos.

Nunca llegaremos al País de las Maravillas, pero tenemos que poner los pies en el suelo y detener esta loca carrera hacia ninguna parte. Pararnos a pensar un poco hacia dónde queremos ir y comprobar hacia dónde nos están llevando. El viento nos silba en los oídos y todo son prisas, ruido y confusión, pero seguimos a la sombra del mismo árbol.

Museo Nacional de Brasil

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Una metáfora del vacío, es lo que ha quedado tras el incendio declarado la noche negra del pasado día 2 en Río de Janeiro. En junio, había celebrado sus 200 años con el regalo de un crédito extraordinario para instalar un sistema antiincendios del que carecía. Tarde. Demasiado tarde. Uno de los centros culturales y de producción de conocimiento más importantes del mundo, que ya lo era en los años veinte cuando fue visitado por Einstein y Marie Curie, ha quedado arruinado. Veinte millones de piezas, registros no digitalizados de lenguas nativas que ya no existen, fósiles, dinosaurios, momias egipcias, frescos de Pompeya… y una biblioteca de antropología social de cientos de miles de volúmenes, todo, destruido en nueve interminables horas. Un monumento a la desidia.

Mussolini: Un ejercicio de Memoria Histórica

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La fachada del Palazzo delle Finanze de Bolzano, capital del Tirol del Sur, en el norte de Italia, está cubierta por un gigantesco bajorrelieve de treinta y dos metros de largo que presenta a Mussolini, a caballo, saludando, brazo en alto, con la inscripción “Credere, Obbedire, Combattere” (Creer, Obedecer, Combatir), lema acuñado por el Duce.

Puesto en la disyuntiva de optar entre “destruir” o “preservar” el monumento fascista, el gobierno local lanzó en 2017 una oferta pública, solicitando ideas sobre cómo “desactivar y contextualizar” políticamente el friso. La oferta declaraba explícitamente que la intención era “transformar el bajorrelieve en un lugar de memoria… para que ya no sea visible directamente, pero accesible al mismo tiempo, dentro de un contexto explicativo apropiado”. La propuesta ganadora fue tan poderosa como simple. Superpuesta al bajorrelieve ahora se encuentra una inscripción, iluminada con led, con una cita de la filósofa judía alemana, fustigadora del totalitarismo, Hannah Arendt, que dice: «Nadie tiene derecho a obedecer», en los tres idiomas locales: italiano, alemán y ladino.

Los artistas que hicieron la propuesta, Arnold Holzknecht y Michele Bernardi, han explicado que el «minimalismo» de la intervención está explícitamente destinado a contrastar la «grandilocuencia» del estilo de la época fascista y que el contenido de la cita se entiende como una «respuesta directa» a la «invitación a la obediencia ciega» contenida en el lema. Pero el monumento original, aunque contextualizado, permanece visible a través de la inscripción, porque lo que se pretende enfatizar es que la memoria, y por lo tanto la historia, no es una «hoja en blanco» en la que podemos volver a escribir, sino el resultado de un proceso de sedimentación, por el cual el pasado nunca se borra por completo, sino que se reinterpreta desde el presente.

Un ejercicio de memoria histórica realizado desde una perspectiva sugerente que invita a la reflexión porque si, efectivamente, lo que se pretende es no olvidar el pasado para no vernos condenados a repetirlo, quizá debamos plantearnos si ocultar o destruir vestigios de un pasado irrepetible es la mejor manera de aprender de él, de no olvidar.

¡Terrícolas!

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Llega del espacio exterior un eco que me parece más inquietante que tranquilizador: los marcianos han renunciado a invadir la tierra tras descartar que pueda haber vida inteligente.

La moral del pedo

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Probablemente, conceptos como nacionalismo, independencia, soberanía y otros muchos que utilizamos, sean ya más propios del siglo XIX que del XXI y necesiten que los adaptemos a las nuevas realidades, pero se me rasgan los ojos y me chirrían los oídos cuando leo y oigo a nacionalistas españoles argumentar sobre lo malísimo que es el nacionalismo cuando éste es vasco, catalán, escocés o kosovar.

Esto es lo que Rafael Sánchez Ferlosio formuló como “la moral del pedo”. En un lugar cerrado –decía–, el nacionalismo opera de manera similar a cuando socializamos los gases intestinales: se convierte en ese hálito que sólo nos molesta cuando es ajeno.

Màxim el Breve

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Es evidente que vivimos tiempos de inmediatez, en los que no hay margen para la duda. Seis días han bastado para ver caer a un ministro del nuevo gobierno de Sánchez. Desde luego, si Màxim Huerta quería batir récords, con su forzada dimisión lo ha conseguido.

Aunque pueda herir la sensibilidad de más de una y más de uno, en este trance me he acordado de la respuesta que dio Julio César a las damas romanas que le pedían que reconsiderara el anunciado divorcio de su esposa Pompeya: «La mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo».

Así que, aun a riesgo de que pueda resultar injusta o exagerada, la dimisión del ministro de Cultura y Deporte me parece que era necesaria. Tal y como está el patio, es la única manera de que la política pueda empezar a recuperar el crédito perdido.

Triste tuit

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Es este un minúsculo pero sustancioso ejemplo de la idiotez hispana. La autora es María Antonia Trujillo, quien no puede decir que se dejó llevar por un arrebato de patriotismo, ni por los efluvios de la bebida al tuitear, ya que esperó al día siguiente de la humillación para sacar pecho y satisfacer la imperiosa necesidad de comunicar a toda la red que en un restaurante madrileño de Chamartín le habían servido agua de Font Vella que, al parecer, es catalana, y que, en consecuencia, había decidido no volver a pisar tal lugar. Solo sería un dislate más si no fuera porque María Antonia Trujillo es profesora de Derecho Constitucional y ex ministra de Urbanismo y Vivienda, en el Gobierno de Zapatero. Una persona, por lo que parece, formada, capacitada y que había tenido un cargo de responsabilidad en un Gobierno socialista de España que se suponía progresista. ¿Tiene remedio este país?

Presos políticos

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La fea costumbre de interpretar lo que quieren decir las palabras lleva a contaminarlas con matices subjetivos y, a menudo, a abrir debates absurdos. La RAE define preso como persona que sufre prisión, y político a quien interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado y, por extensión, todo lo perteneciente o relativo a la actividad política. A diferencia de un ladrón, un asesino, un violador o un estafador, por ejemplo, quien llega a prisión como consecuencia de sus actos políticos es un preso político.

Prueba de esa subjetividad añadida, resulta evidente cuando los mismos que niegan esa condición a los dirigentes catalanes encarcelados, la pregonan y la reconocen, sin ningún género de duda, en los opositores venezolanos. Allá, igual que aquí, el gobierno argumenta que están en prisión por haber vulnerado las leyes de su país. Aquí y allá, cuando un político llega a prisión como consecuencia de sus actos políticos es un preso político.