¡Terrícolas! III

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Estamos de enhorabuena. Después de que la NASA sorprendiera al mundo al anunciar que al menos un tercio de Marte contenía agua bajo su superficie, un grupo de científicos ha detectado vapor de agua en la atmósfera del exoplaneta K2-18b, hallazgo que lo convierte en “el mejor candidato hasta ahora para ser habitable”, según un estudio publicado por la revista Nature Astronomy.

En el último flash, expresaba mi inquietud porque, a pesar de haber escuchado el eco que llegaba del espacio exterior sobre la renuncia de los marcianos a invadir la tierra por descartar que pudiera haber vida inteligente, tenía la impresión de que cada día había más marcianos entre nosotros.

Dándole vueltas he llegado a pensar, y si resulta que mientras nosotros buscamos agua por el universo, ellos prefieren vino, o quizás txakoli. Podría ser una buena solución para aliviar los efectos de los aranceles de Trump.

Cómo somos los vascos

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Ya nos advirtió Julio Caro Baroja que la pretensión de hacer “psicología de los pueblos” y de fijar “caracteres nacionales” era un empeño inútil, tan viejo como inconveniente, porque las identidades no son estáticas, sino dinámicas. Al fin y al cabo, de ese propósito sólo obtendríamos unas “representaciones colectivas”, más o menos benévolas, que nos hemos hecho los naturales, a las que se han opuesto, como “contrafigura”, las de los foráneos, a menudo nada halagüeñas; todas ellas, casi siempre, poco rigurosas.

Así que no seré yo quien vaya a enmendarle la plana al sabio de Itzea. Sin embargo, Koldo Mitxelena nos ofrece otra opción, al intuir que “sería divertido y hasta instructivo recoger las opiniones que sobre los vascos han emitido, a lo largo de siglos y de milenios, autores ilustres u oscuros, entre detractores, amigos e indiferentes”. Con ese espíritu, afronto este interesante, y hasta divertido, ejercicio de escudriñar en el pasado para conocer, si no cómo somos, al menos cómo nos han visto las gentes de pluma ágil.

En las primeras páginas de su Vasconiana, Caro cita a un escritor, de cuyo nombre no quiere acordarse, aunque dice ser un conocido orientador de la opinión sobre asuntos peninsulares en Europa, como botón de muestra del poco rigor con el que algunos cogen la pluma, cuando asegura que “los vascos son estrechos de mente, como los valles de la tierra en que nacieron”, a lo que añade algunas precisiones acerca de su aldeanismo, rusticidad y primitivismo.

Y es que nuestro origen se pierde en la noche de los tiempos. Algo que todos sabemos desde que un Montmorency que se ufanaba ante un vasco de la antigüedad de su linaje, al que hacía datar del siglo VIII, éste le espetó: “¡Pues nosotros, los vascos, no datamos!” Abundando en ello, un folleto del siglo XVII, titulado Castellanos y vascongados, de autor anónimo, aporta la prueba de nuestra antigüedad, incluso de la primigeneidad de nuestra estirpe, al asegurar que “nosotros somos los primeros habitadores de España; porque viniendo Túbal, nieto de Noé, desde Oriente a Occidente, a poblar a España, aunque era fuerza dar primero en las costas de Valencia, Andalucía y Portugal, rodeó toda España y se fué a nuestra tierra. Y la razón que hay entre nosotros es que, como para coger trigo les era preciso sembrar y esperar de un año a otro, no podía esperar su necesidad, sino que les era necesario buscar tierra que tuviese frutales, aunque silvestres; y siendo de este género nuestras provincias tan abundantes, se pasaron a ellas para poder sustentarse”.

El primer nombre que nos impusieron los indoeuropeos, dicen Ignacio Barandiarán y Anastasio Arrinda, fue el de baskunes, los altos o los orgullosos, que venía a ser lo mismo. Pero de vascones escribieron los romanos, de cuyos testimonios se deduce que mantuvieron una relación de mutuo respeto. En su monumental Geografía, Estrabón los describe como “sobrios: …duermen sobre el suelo y llevan los cabellos largos al modo femenino, aunque para combatir se los ciñen a la frente con una banda. Comen sobre todo carne de macho cabrío; bellotas, que secan, aplastan y muelen para hacer un pan que puede conservarse durante mucho tiempo; beben agua y, a veces, una especie de cerveza [que bien pudiera ser sidra]… No tienen Dios, aunque parece que adoran la luna durante la noche”… “Esas costumbres rudas y salvajes no son efecto sólo de su espíritu belicoso, sino también de su aislamiento”.

Añade Estrabón que, desde los tiempos del emperador Alejandro Severo, “su reputación de augures, de adivinos, estaba muy extendida”, lo que puede explicar por qué el historiador Salustio Cayo Crispo, en su obra Ora marítima y, más tarde, el poeta Rufo Festo Avieno hacían referencia a unos “inquietos vascones”. Quizá aquella inquietud se debía a que adivinaban la llegada de los visigodos, con quienes se las tendrían tiesas durante casi trescientos años. Todos los cronicones de sus reyes finalizaban con la frase lapidaria Domuit vascones, o sea que los dominaron, lo que pone en duda que alguno lo consiguiera realmente. En ellos, aparecen los vascones caracterizados como rudos, bárbaros y rústicos, en consonancia con un territorio no civilizado y salvaje. Para Leovigildo éramos feroces y para el piadoso Wamba, fieros y montaraces.

Los francos tampoco nos miraron con benevolencia. Durante el reinado navarro de García Ramírez, un monje benedictino, Aymeric Picaud, que peregrinaba hacia Compostela a través del ‘camino francés’ y que, por lo que parece, todavía no había superado el trauma de la derrota del ejército de Carlomagno en Roncesvalles, escribió la Guía del Peregrino, incluida en el libro V del que actualmente conocemos como Codex Calixtinus, también llamado Liber Sancti Jacobi. En él, el peregrino franco, coincide con la opinión de los visigodos, refiriéndose a los vascos de esta manera: “Las gentes de esta tierra son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra en que habitan. Sus rostros feroces, así como la propia ferocidad de su bárbaro idioma, ponen terror en el alma de quien los contempla” y, para que no quedaran dudas, se explayó con todo lujo de detalles: “Es un pueblo bárbaro, diferente a todos los pueblos, por sus costumbres y por su raza, lleno de maldad, negro de color, innoble de semblante, lujurioso, perverso, pérfido, desleal, corrompido, voluptuoso, borracho, experto en todas las violencias, feroz y salvaje, desalmado y réprobo, deshonesto y falso, impío y rudo, cruel y pendenciero, desprovisto de cualquier virtud, incapaz de todo buen sentimiento, encaminado a todos los vicios e iniquidades…”, arremetiendo, además, contra su “bárbaro hablar”, un lenguaje de perros –dice–: “al escucharles hablar se cree oír a unos perros ladrar”. Una feroz opinión que, aunque parezca mentira, volveremos a leer de la pluma del reverendo padre Juan de Mariana cuando, cinco siglos después, habla en su Historia general de España del “lenguaje grosero y bárbaro” de “aquella gente de suyo grosera, feroz y agreste”.

Sin embargo, Navarro Villoslada, en Amaya o los vascos en el siglo VIII, sostiene que aquellos “eran afables, de costumbres sencillas y arraigadas, amantes de sus tradiciones, rudos y bravos, honrados y asaz hospitalarios”. Contradiciendo al peregrino benedictino, el vasco era un pueblo lleno de virtudes como el valor, el honor, la lealtad y la constancia. “Tienen, además –prosigue–, el hábito de trabajar incesantemente” y “nunca manchan sus labios con la mentira”; “entre ellos no hay traidores, ni desleales”; “cuando temen por su independencia son rebeldes, indómitos y montaraces –quizá esto explique por qué godos y francos veían a los vascos tan fieros o feroces, y continúa–, pero dejados en paz, en libertad y a su modo, forman un pueblo de niños que se divierte cantando y bailando en las praderas”. Recupera así Navarro Villoslada, la vieja idea de Voltaire, de un pueblo que baila al pie de las montañas.

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Oratoria testicular

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Paseando por el laberinto de don Julio Caro Baroja, he encontrado al sabio de Itzea enojado con los parlamentarios de su tiempo postrero, el de la Transición española.

Dice Caro, que lo menos que se puede esperar es la agresión verbal, oral o escrita. Esto, aunque no es nuevo, ha adquirido algunos matices especiales en nuestra hermosa época. Los periódicos y revistas clericales y anticlericales de comienzos de siglo, desde El Siglo Futuro al Motín, usaban y abusaban del dicterio, del improperio y hasta del insulto. Hubo un momento corto en que este juego de procacidades pareció mecánico, aburrido, monótono. Por otra parte, los oradores con pretensiones de conquistar a ciertos auditorios, tanto de izquierda como de derecha, usaban también, por la misma época, de parecida artillería verbal, que producía risa y satisfacción a los que oían. Hay un misterioso nexo entre el juego retórico a base de la ordinariez y de la grosería y la creencia de que éstas son patrimonio de los hombres de bien de determinado grupo político. Thiers, refiriéndose a ciertos ministros de Luis Felipe, que eran hombres un poco groseros al parecer, decía: “Se creen virtuosos porque son mal educados.” ¿Qué diría hoy? Todo el que hace alarde de “hombría de bien” (también la que paralelamente la hace de lo que podría llamarse “mujería”) cree que tiene que ser grosero, violento de expresión, un tanto cerril. En esto los que ponen el mingo [sobresalen] no son los políticos, sino los articulistas de ciertas publicaciones periódicas, que parecen creer que el grado de emancipación se mide por las palabrotas que se emplean y que el camino de la virtud está empedrado de ellas. Esto no asusta, pero da qué pensar acerca de la fuerza de los tópicos, arquetipos y modelos de conducta. Hace temer, por otra parte, que la capacidad de discurrir ordenadamente sobre un problema político o económico complicado vaya perdiéndose más y más. No ha de pensarse que un orador de mitin debe emplear un lenguaje calderoniano, ni imitar a los grandes oradores del pasado, pero de esto al género de oratoria que hoy tiene éxito en algunos medios y que podría caracterizarse como “oratoria testicular”, hay gran distancia y nadie la cubre.

Aunque, como se ve, el fenómeno no es nuevo, qué diría hoy el bueno de Caro al oír a tantos parlamentarios rompiendo la barrera del sonido. La agresividad es una especie de virus del comportamiento, más contagioso que el de Wuhan.

Mercy Street

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Quienes disfrutamos con la música de Peter Gabriel y hemos seguido su trayectoria artística y vital, sabemos que sus temas no siempre son fáciles de descifrar. Sin embargo, pocos resultan tan enigmáticos como Mercy Street (calle Misericordia).

Incluido en su álbum So, de 1986, con un ritmo cadencioso y una base de discretas percusiones, nos lleva a recorrer un mundo oscuro, de playas desoladas antes del naufragio, de calles solitarias de un pueblo fantasma. De uno, del cual sólo la muerte te permite escapar. Pero para entenderlo, antes debemos conocer a Anne, su única habitante.

Sin pretenderlo, Anne Sexton se convirtió en una de las poetisas más influyentes y controvertidas del siglo XX. La menor de tres hermanos de una familia adinerada de Massachusetts, mujer de penetrantes ojos claros y una belleza que incluso le permitió trabajar como modelo, parecía destinada a disfrutar de una vida plena y feliz.

Sin embargo, desde su infancia vivió atormentada por la sombra de las enfermedades mentales, con severos episodios de depresión y cuadros psicóticos que le llevaron, cuando apenas tenía 26 años de edad, a ser internada, tras intentar suicidarse en varias ocasiones.

Buscando ayuda, fue animada por uno de sus terapeutas, el doctor Martin Orne, a intentar plasmar por escrito sus delirios. Se apuntó a un taller de poesía y así encontró una válvula de escape para neutralizar sus frustraciones, convirtiéndose en una de las principales exponentes de la llamada poesía confesional, un controvertido género en el que la autora desnudaba por completo su intimidad.

En 1969, compuso 45 Mercy Street, poema con el que regresaba a su juventud intentando llenar, sin éxito, los traumas de su pasado. Parecía que las cosas le iban bien, ganó incluso el premio Pulitzer, pero su vida personal seguía sumida en el desastre. La tarde del 4 de octubre de 1974, se puso el abrigo de piel que heredó de su madre, tomó un tercer vaso de vodka y cerró las puertas del garaje de su casa. Luego puso en marcha su Cougar rojo y esperó a la muerte. Tenía 45 años y era su quinto intento de suicidio. Esta vez lo consiguió.

Peter Gabriel conoció los trabajos de Anne Sexton cuando ya había fallecido. Le impresionó, sobre todo, que la poetisa no escribiera para un público, sino para ella misma, hasta el punto de dejar instrucciones expresas para que sus últimos poemas no se publicaran antes de su muerte.

Gabriel, que ya había dedicado su tercer álbum en solitario, casi por completo, a las vicisitudes de los problemas mentales, quedó prendado por la obra de Sexton. Sin embargo, él mismo tendría que sentir de cerca el paso de la muerte para crear su propio tema.

En septiembre de 2013, el ex líder de Genesis contó una de las experiencias más traumáticas que le tocó vivir durante los muchos vuelos que había realizado en la década de los ochenta. Irónicamente, este no era de trabajo, sino que pretendía ser de vacaciones.

“La Pan Am –cuenta Gabriel– tenía un programa de kilómetros premio para viajeros frecuentes. Como yo había superado los 160 mil kilómetros, canjeé un boleto para ir de Los Ángeles a Río de Janeiro. Desde luego, la trampa era que uno tenía que viajar en clase económica”.

“En el camino saludé a Verdine White, bajista de Earth Wind & Fire, quien viajaba en primera clase. Poco después del despegue, el capitán nos habló por los altavoces para anunciar que la nave tenía problemas con su tren de aterrizaje, por lo que tendríamos que volar sobre el Pacífico para gastar combustible y luego realizar un aterrizaje de emergencia”.

“Todos a bordo estábamos muy asustados. Algunos comenzaron a escribir cartas de despedida para sus familias. Incluso yo escribí algunas palabras. Entonces Verdine vino a verme desde primera clase y, con una voz muy profunda me dijo: “Reza, hermano”.

“Gracias a Dios, el piloto logró que aterrizáramos a salvo. Al día siguiente tomé otro vuelo hacia Río, donde me encontré con el baterista Djalma Correa. Trabajé algunas ideas con él que más tarde darían forma a lo que es Mercy Street”, contó el artista.

Peter Gabriel logró sobrevivir y quiso recordar a Anne Sexton, dándole en su canción un final distinto al que la atormentada poetisa merecía:

“Anne y su padre ya están sobre el bote,
remontando las aguas,
remontando las olas,
sobre el mar”

Felices años veinte

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Nada que no sea estrictamente cronológico empieza, ni acaba, con las doce campanadas de un reloj, pero los cambios de década parecen propicios para levantar la vista y mirar más allá, escudriñar el pasado y el futuro, para ver hacia dónde vamos y de dónde venimos.

Al hacerlo, en este momento, es inevitable la referencia de los felices años veinte del siglo pasado, los también llamados años locos. Fue una década de excitación, en la que terminó abriéndose paso una nueva y más rápida forma de vivir, pero también de grandes transformaciones, de creciente confianza en la tecnología, de progreso, en una palabra, que todos sabemos cómo acabó, con el crac del 29 y el auge de los fascismos, que supieron cautivar a la sociedad.

Nosotros empezamos nuestros años veinte con una cierta ventaja, con el crac ya hecho, aunque todavía estemos pagando sus consecuencias, y una memoria histórica que actúa como recordatorio de lo frágil que es la democracia, de cómo la libertad puede retroceder cuando las fuerzas políticas se olvidan de defenderla día a día y de los efectos que produce la manipulación y el fomento del odio.

La Gran Recesión de 2008 nos ha hecho pagar a casi todos, las consecuencias de los desmanes del capitalismo financiero y corporativo internacional y los efectos de las malas decisiones de la Unión Europea y los gobiernos nacionales, con su llamada política de austeridad, una carga de profundidad contra el estado de bienestar que ha dejado a muchos ciudadanos desprotegidos. Este error de los gobiernos democráticos, es el que ahora está alimentando el éxito de los dirigentes autoritarios que ofrecen protección a cambio de restringir libertades individuales y políticas fundamentales.

Como nos ha recordado Antón Costas, el escritor norteamericano Mark Twain señaló que “la historia no se repite, pero rima”. Hoy muchas circunstancias riman con las de la década de los veinte del siglo pasado. En aquella etapa hubo dos tipos de respuestas a la demanda de protección de la sociedad frente al intento de imponer la utopía del libre mercado. La de los demócratas progresistas, representada por la política del Franklin Delano Roosevelt, el new deal (contrato social), y la protofascista, protagonizada por la política de austeridad del canciller alemán Heinrich Brüning. La primera salvó a la democracia estadounidense. La segunda fue una invitación a la llegada del fascismo a toda Europa.

Estamos viendo reproducirse nuevamente aquel enfrentamiento entre progresistas y fascistas, en una versión actualizada, y la felicidad de nuestros locos años veinte dependerá del camino que emprendamos para llevar a cabo las grandes transformaciones que necesitamos.

Navidades innovadoras

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Ximona ha sido la reina de la fiesta en la última feria de Santo Tomás. Las medidas de seguridad adoptadas han evitado los problemas que se produjeron en la anterior, cuando el grupo animalista Frente de Liberación Animal saboteó la presencia en la plaza de la Consti de su colega Gilda, para “dar una respuesta contundente mediante la acción directa a la situación y las condiciones que sufren los animales”, porque “los cerdos, como las demás especies, también tienen sistema nervioso central y la capacidad de sentir; y, por ende, son individuos que merecen respeto”, dijeron. Algo hemos conseguido, se acabó la tradicional rifa y, terminada la feria, la cerda vuelve al caserío.

Y es que los animales lo pasan realmente mal. Por eso es comprensible que a la cerda de cartón piedra del Belén de la plaza de Guipúzcoa le hayan hecho una pintada, para sensibilizarnos sobre el asunto. Además, como ya nos venía advirtiendo la gente que sabe de esto, el ruido de los cohetes hace sufrir a sus mascotas, porque les provoca «ansiedad, desequilibrio nervioso, taquicardias, temblores, náuseas, pérdida de control, e incluso el fallecimiento». Así que hemos limitado el uso de la pirotecnia en Nochevieja a media hora y, de momento, hemos mitigado el sufrimiento.

En cuanto a nuestro Olentzero, fiel a la cita navideña, ha aparecido estos días sentado en una de las terrazas del Ayuntamiento. Al jovial carbonero, borrachín, tripazai y un poco misógino, lo hemos hecho feminista junto a Mari Domingi. Pero todavía lleva su capón, antes de que nos planteemos convertirlo en vegetariano o vegano, y sigue produciendo CO2 con su txindorra en el bosque. Así que igual tenemos que darle una vuelta al asunto para la próxima Navidad.

Donde realmente hemos avanzado de manera importante, es en la cabalgata de los Reyes Magos. Este año sin animales: ni ovejas, ni bueyes, porque su desfile ocasiona estrés y una “humillación innecesaria a estos seres sintientes”; ni antorchas, claro, que contaminan el aire, y los hemos sustituido por unos artilugios con lucecitas de colores y unos caballos hinchables. Por poner una pega, diré que no sé cómo todavía el rey negro sale el último.

Así que, a ver, quién decía que somos tradicionalistas y que no sabemos innovar.

Dramáticas desigualdades

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Cuando en abril de 2015, la forense italiana Cristina Cattaneo y su equipo trataban de poner nombre a los cientos de inmigrantes ahogados en el canal de Sicilia, se encontraron con el cuerpecito desmedrado de un niño de catorce años, vestido con chaqueta, chaleco, camisa y vaqueros. Al levantarlo, advirtieron que llevaba algo pesado y duro cuidadosamente cosido en la chaqueta. Eran sus boletines de notas escolares. Todos con magníficas calificaciones. Al emprender su viaje de más de tres mil kilómetros hacia la Tierra Prometida, el niño de Malí sólo llevó consigo la prueba de su esfuerzo y su rendimiento escolar, quizá para demostrar que era un chico bueno y aplicado, quizá pensando que aquellos boletines valían más que un pasaporte.

Hace unos días, se ha presentado el Informe sobre Desarrollo Humano 2019, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Desde el principio, sus autores, advierten que hay un hilo conductor en la mayoría de los problemas que nos afectan: la profunda y creciente frustración que generan las desigualdades que, en el ámbito del desarrollo, pueden tener consecuencias dramáticas.

Piénsese –dicen–, en dos niños nacidos el año 2000, uno en un país con desarrollo humano muy alto y el otro en un país con desarrollo humano bajo. Hoy en día, el primero tiene una probabilidad superior al 50% de estar matriculado en la educación superior: en los países con desarrollo humano muy alto, más de la mitad de los jóvenes de veinte años se encuentran cursando estudios superiores. Por el contrario, el segundo, el nacido en un país con desarrollo humano bajo, tiene una probabilidad muy inferior de estar siquiera vivo: alrededor del 17% de los niños nacidos en países con desarrollo humano bajo en 2000, habrán muerto antes de cumplir los veinte años, frente a tan solo el 1% de los nacidos en países con desarrollo humano muy alto. También es poco probable que el segundo muchacho esté realizando estudios superiores: tan solo el 3% de los jóvenes de esta generación lo logra en los países con desarrollo humano bajo.

Es cierto que los números son fríos, pero igual cosidos a la chaqueta del niño de Malí arden en nuestras conciencias. Que por lo menos, nos den que pensar.

GroKo

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Si la formación de gobierno ya era difícil tras los resultados del 28 de abril, con la repetición de las elecciones se ha complicado aún más. PSOE y Unidas Podemos han perdido apoyos, el PP no ha conseguido los suficientes, Ciudadanos se ha estrellado y los xenófobos y reaccionarios han conseguido duplicar, con holgura, su presencia en el Congreso, convirtiendo a Vox en la tercera fuerza del Parlamento, segunda en cinco provincias y primera en dos, logrando, además, el sorpasso al PP en nueve.

De una manera más o menos explícita, son muchos los que reclaman una Gran Coalición PSOE-PP. Desde González y Rajoy, hasta Alfonso Guerra y Aznar, pasando por Núñez Feijoo, Rodríguez Ibarra, Cayetana Álvarez de Toledo y Alfonso Alonso, entre otros. Pedro J. Ramírez, director ahora de El Español, ha pedido incluso la convocatoria de una gran marcha desde Ferraz, la sede del PSOE, hasta Génova, la del PP, para pedir su formación. Hasta Santiago Abascal y la Conferencia Episcopal se han apuntado al festival. Pero, si así fuera, ¿se han preguntado quién quedaría como líder de la oposición?

Las organizaciones empresariales también se han pronunciado a favor. Uno de los más claros ha sido el presidente del Círculo de Empresarios, John de Zulueta, quien ha señalado que “en la actual situación sólo un pacto entre el PSOE y el PP podría garantizar la necesaria estabilidad. Cualquier otra opción, nos aboca a un gobierno inestable que no duraría cuatro años”, y por si cabía alguna duda, ha añadido que un Ejecutivo “con Unidas Podemos y Más País, no aplicaría la estrategia económica precisa para promover el crecimiento y afrontar los grandes desafíos que tenemos por delante”. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, no ha sido tan explícito, pero ha apelado a la máxima responsabilidad y visión transversal de los partidos políticos llamados a gobernar, haciendo referencia a la experiencia “transversal” de Alemania.

Efectivamente, en la actual situación española, la experiencia alemana puede ser de utilidad. Allí, la fragmentación del sistema de partidos también ha dificultado la formación de gobiernos, sobre todo, porque las combinaciones que precisan la participación de los ultraderechistas de la Alternativa para Alemania (AfD), una organización similar a Vox, son descartadas de plano, por todo el arco parlamentario, tanto en el Estado federal como en los estados federados.  

Las elecciones generales de 2013 las ganó la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel, con un 34,1% de los votos, quedando en segundo lugar el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), con el 25,7%. Ninguno de los dos fue capaz de formar gobierno y terminaron recurriendo a la fórmula “transversal” que sugiere Garamendi, la Gran Coalición o GroKo, como la llaman ellos, acrónimo de Grosse Koalition. La recién nacida AfD sólo consiguió el apoyo del 4,7% de los alemanes. Cuatro años después, en las elecciones generales de 2017, con una pérdida de votos del 8,5% y del 5,2% respectivamente, los democratacristianos de la CDU y los socialdemócratas del SPD cosecharon sus peores resultados desde la creación de la República Federal de Alemania en 1949. Sin embargo, los xenófobos y reaccionarios de la Alternativa para Alemania (AfD), entraban por primera vez, desde entonces, en el Bundestag, con el 12,6% de los votos y 94 escaños, triplicando los resultados de 2013 y convirtiéndose en la tercera fuerza política alemana.

El socialdemócrata Martin Schulz señaló la necesidad de revivir la confrontación política entre la “izquierda democrática” y la “derecha democrática”, o lo que es lo mismo, una dinámica de oposición al gobierno que estaba olvidada. Pero Merkel fracasó en su intento de acuerdo con liberales y verdes, quedando sólo dos escenarios posibles: la repetición electoral o una nueva Gran Coalición, porque en Alemania nadie cuenta con la ultraderecha. Así que la GroKo volvió al gobierno y la AfD, una organización de extrema derecha, xenófoba y reaccionaria, lidera la oposición y, desde entonces, no ha dejado de crecer. Ha conseguido representación en todos los estados federados de Alemania. En las elecciones al Parlamento Europeo de mayo, obtuvo 11 eurodiputados. En septiembre, se convirtió en la segunda fuerza política en los comicios de Sajonia y Brandeburgo. Con un 27,5% de los votos en Sajonia, la AfD obtuvo el mejor resultado electoral de su breve historia. Y, en octubre, también consiguió el segundo puesto en las elecciones del estado federado de Turingia, duplicando los resultados de 2014 y desbancando a la CDU y al SPD.

La experiencia “transversal” alemana nos enseña que, con la Gran Coalición de conservadores y socialdemócratas en el gobierno, la extrema derecha lidera la oposición y no deja de crecer. Esa es la Alternativa para Alemania. ¿Cuál sería la española? ¿Dejar, también, la oposición en manos de la ultraderecha?

Nota: los resultados electorales se han obtenido de la base de datos ParlGov

Dos Españas

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Desmontado el mito de la Tercera España, aquella que, como los dos bandos eran igual de malos, se declaró neutral; aquella España equidistante, en cuya supuesta inhibición se encontraría el germen de la España de hoy, los resultados electorales no hacen sino confirmar, de manera tozuda, que las dos Españas son una realidad.

Ya lo vimos al comienzo de la Transición Democrática cuando en las primeras elecciones de 1977, UCD+AP consiguieron el apoyo de 7.815.162 españoles (42,65%); y la suma de PSOE+PCE+PSP, recibió el de 7.898.338 (43,10%), con una escasa diferencia entre bloques de 0,45 décimas. En las de 1979, el resultado reflejó una coyuntura muy similar: UCD+CD, 7.328.923 (40,74%); PSOE+PCE, 7.408.300 (41,18%) y una diferencia de 0,44 décimas.

Luego, PSOE y PP se convirtieron en partidos hegemónicos que se disputaron las mayorías absolutas, ocultando bajo su manto corrientes subterráneas que han vuelto a aparecer en el nuevo ciclo abierto en 2015. Con la creación de Ciudadanos, Podemos y VOX, el fin del bipartidismo nos ha devuelto a aquella dinámica. En las elecciones celebradas en 2015, PP+Cs obtuvieron 10.716.293 votos (42,65%) y PSOE+Podemos, 10.720.242 (42,67%); una diferencia, casi insignificante, de 0,02 centésimas. En las celebradas este año, se ha mantenido el equilibrio: el 28 de abril, PP+Cs+VOX, 11.217.410 (42,81%) y PSOE+Podemos, 11.264.287 (42,99%), con una diferencia de 0,18 décimas; y el 10 de noviembre, PP+Cs+VOX, 10.297.472 (42,70%) y PSOE+Podemos+Más País, 10.351.926 (42,92%), y 0,22 décimas de diferencia.

Ya casi nadie es capaz de hacer un análisis completo y riguroso de la situación política tras unas elecciones, sin sumar los resultados de cada bloque. Por eso, ante las dificultades que esta circunstancia genera, la palabra del año es desbloquear.

Además, otros dos mitos que se han caído son el de la transversalidad y el del fin del eje izquierda-derecha. Los partidos son vasos comunicantes, por lo que el crecimiento de uno es siempre a costa de los resultados de otros partidos de su bloque ideológico, de izquierda o de derecha.

No se trata, por lo tanto, de una interpretación maniquea, sino de una constatación empírica. Y por si a alguien le cabe alguna duda, podemos añadir que, desde la izquierda, se ha rescatado el “¡no pasarán!” contra PP, Ciudadanos y VOX, el “trifachito” de la plaza de Colón; y, desde la derecha, llegan voces que claman contra “un nuevo gobierno del Frente Popular”, tras el preacuerdo alcanzado por PSOE y Podemos. Se ha recuperado el relato franquista de la cruzada de la verdadera España contra la anti-España y, cuarenta y cuatro años después de la muerte del dictador, la memoria histórica todavía reabre “viejas heridas del pasado”, dicen.

Así seguimos… entre una España que no se muere y otra España que sigue bostezando. Que el ruido de los hunos y de los hotros no llegue a helarnos el corazón.

Nota: los datos ofrecidos se han elaborado a partir de los proporcionados por el Ministerio del Interior.