La moraleja del espejo mágico

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He sacado del desván un viejo espejo que guardaba junto a algunos bonitos recuerdos de mocedad y cuando me he sentado frente a él, por un momento me he sentido como la bruja malvada de Blancanieves, esperando oír del espejo mágico un comentario bondadoso… para salir del paso…

Sin embargo, con una voz antigua, de esas que te requiebran el alma, entrecortada y, casi con emoción, me ha dicho: cómo has cambiado Eduardo, pero aún te recuerdo, el paso del tiempo no ha conseguido borrar tus señas de identidad. Yo también me he emocionado. Me he levantado y he abrazado la cornucopia. Es un espejo ya mayor y quizá anticuado, pero inteligente y, sobre todo, honrado.

Si el tiempo se ha hecho carne, empiezas a ver arrugas en tu cara o canas en el pelo y te dicen, estás como siempre, qué bien te conservas, por ti no pasan los años, o incluso yendo más lejos, cómo has mejorado… desconfía.

Ah! y si necesitas buen consejo… te dejo el espejo.

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