Juezas y violencia de género

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Hace un par de semanas, Julia Otero retuiteaba esta foto del Rey con los miembros de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo en el acto solemne de apertura del Año Judicial, publicada por Leticia Dolera, preguntando si no nos producía, a los señores, bochorno, en un país con un 63% de juezas.

Pues claro que sí, pero al responderle le venía a decir que la reforma integral que necesita la justicia no depende tanto de lo que sus señorías lleven o no colgando bajo la toga como de lo que anide en sus cabezas.

Sólo unos días han sido suficientes para corroborarlo. El 25 de septiembre, Martina y Nerea, de 3 y 6 años, eran asesinadas por su padre. “Ya te puedes ir despidiendo de las niñas”. “Si es eso lo que quieres, terminarás haciéndole daño a las niñas. ¿Entiendes lo que te digo?”. “Me voy a cargar lo que más quieres”. “Tú sabes lo que haces: ya estás sentenciada”. Son algunas de las amenazas del parricida que constan en la denuncia que la madre interpuso. Itziar Prats había solicitado medidas de protección, tanto para ella como para las hijas, pero la magistrada titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 1 de Castellón rechazó la petición porque no vio una “situación objetiva de riesgo” y considerando “desproporcionada” la “imposición al investigado de medidas que restrinjan sus derechos”, denegó la orden de alejamiento.

El mismo día, Maguette Mbengou moría degollada por su marido en presencia de sus dos hijas. La fallecida había presentado una denuncia por malos tratos contra su marido, pero la magistrada titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 2 de Bilbao denegó imponerle una orden de alejamiento porque se había “aminorado el riesgo” y no apreciaba “agresividad en su esposo”. En el juicio celebrado un mes después de la denuncia, el marido fue absuelto, por falta de pruebas, de un delito de amenazas en sentencia dictada por la magistrada titular del Juzgado de lo Penal nº 6 de Bilbao.

Ya tenemos juzgados especializados en violencia contra la mujer, en violencia de género, y magistradas que, como titulares de los mismos, ocupan el centro de la foto de sus respectivos juzgados, pero a las víctimas de la violencia machista no les ha servido para nada. El problema de la Justicia es mucho más grave.

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