El tatu de Histieo

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No es prudente decir de esta agua no beberé, es cierto, pero mucho tendría que cambiar para hacerme un tatu en mis peludas carnes.

Quienes se dedican a estos menesteres aseguran que la mayoría de los que se tatúan lo hacen con el deseo de recordar para siempre a una persona o algún momento de esos que marcan una trayectoria vital. El problema es que nuestros “siempres” suelen ser efímeros.

Para pintar es mucho mejor un lienzo. Lo puedes colocar en un lugar destacado para tenerlo siempre presente y si el siempre se vuelve efímero, en un pis pas lo puedes mandar al cubo de la basura.

Aún así, ha habido tatuajes a lo largo de la historia que excepcionalmente han tenido una utilidad práctica, aunque no fueran tatuados para siempre, como el que nos trae al presente Irene Vallejo. Una estupenda historia, basada en hechos reales, sobre tatuajes, intrigas y espías de tiempos antiguos contada por el historiador Heródoto.

En una época de grandes turbulencias políticas, un general ateniense llamado Histieo quería azuzar a su yerno Aristágoras, tirano de Mileto, para hacer estallar una revuelta contra el imperio persa. Se trataba de una conspiración altamente peligrosa en la que ambos se iban a jugar la vida. Los caminos estaban vigilados y probablemente a los mensajeros de Aristágoras los registrarían antes de llegar a Mileto. ¿Dónde llevar escondida una carta que les podía condenar a la tortura y a la muerte lenta si se descubría?

El general tuvo una idea ingeniosa: le afeitó la cabeza al más leal de sus esclavos, le tatuó un mensaje en el cuero cabelludo y esperó a que le creciese de nuevo el pelo. Las palabras tatuadas eran: “Histieo a Aristágoras: subleva Jonia”. Cuando el pelo nuevo despuntó cubriendo la consigna subversiva, envió al esclavo a Mileto. Para mayor seguridad, el esclavo no sabía nada de la conjura. Solo tenía órdenes de afeitarse el cabello en casa de Aristágoras y decirle que echase una ojeada a su cráneo pelado.

Sigiloso, como un espía, el mensajero viajó, se mantuvo tranquilo mientras lo cacheaban, llegó a su destino sin que el complot se descubriera y se rapó. El plan siguió adelante y la operación culminó con éxito. Aunque al leal esclavo de Histieo le quedó el recuerdo para siempre.

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