Democracia plena

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Por lo que parece, Pablo Iglesias ha vuelto a pegar otra patada al avispero nacional. Hace tiempo que las abejas andan revueltas, que la miel escasea y todo parece más amargo, pero decir que no hay “plena normalidad democrática” en España es llegar muy lejos, abrir un buen boquete en la colmena.

La respuesta, casi coral, ha sido que España es una democracia plena. Punto redondo. Pero, decir que no hay plena normalidad democrática en España y que España es una democracia plena ¿son acaso afirmaciones contradictorias? ¿puede haber anormalidades o anomalías en una democracia? Y si es así, a qué tanto aspaviento.

Muchos de los que ahora ponen el grito en el cielo y aseguran que España es una democracia plena calificaron de golpe de Estado la moción de censura a Mariano Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez, poniendo en cuestión su legitimidad, la del sistema democrático español y la de sus instituciones democráticas. ¿Es esto normalidad democrática? ¿Entra dentro de la normalidad democrática la situación en la que se encuentra el Parlamento español, la sede de la democracia, convertido en una jaula de grillos, de portavoces que vociferan cuando no insultan; en un pim pam pum diario de acoso y derribo al Gobierno, calificando a su presidente de mentiroso, traidor y okupa? ¿Es esto normalidad democrática? ¿Entra dentro de esa normalidad democrática vetar la renovación del órgano de gobierno (CGPJ) de uno de los pilares del Estado democrático de derecho, el poder judicial, dos años caducado? ¿Y la corrupción? ¿También? ¿El trasiego por los tribunales de líderes del principal partido de la oposición, imputados en tramas diversas, o la ausencia del rey emérito, alejado de España por sus chanchullos económicos, quedan al margen de esa normalidad democrática o también forman parte de la misma?  ¿Entra también dentro de esa normalidad democrática que militares retirados de alta graduación firmen manifiestos pidiendo al rey que acabe con el actual Gobierno?…

Bueno, pues a pesar de estas anormalidades o anomalías y unas cuantas más que afectan al sistema democrático español, la democracia liberal, homologada a las de nuestro entorno, no está en cuestión, pero haberlas haylas, y pretender ocultarlas debajo de la alfombra de la democracia plena no es lo mas sano.

Limitarnos a decir que la democracia española es una democracia plena, una de las 23 que hay, según The Economist, no nos debería bastar. Porque, además, es una verdad a medias. El concepto utilizado es una de las categorías, la máxima, otorgada por el Democracy Index que elabora anualmente la revista inglesa; un índice, de referencia en el análisis de la situación de la democracia en el mundo que, efectivamente, nos sitúa entre las 23 democracias plenas, pero ojo, porque España es la 22 de las 23, y está en claro retroceso, pues ha perdido seis posiciones en el ranking, y está a solo 0,12 puntos de caer a la siguiente categoría que es la de las democracias defectuosas.

Así que menos aspavientos y a corregir anomalías. Vamos, digo yo.

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