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«No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va»
Lucio Anneo Séneca

En términos marineros, la bitácora es un arcón, a modo de armario, fijado a la cubierta del barco junto a la rueda del timón, en el que se coloca la aguja de navegar o compás que, en todo momento, señala el norte magnético, con el fin de asegurar el rumbo de la nave.

Inicio este blog con la intención de convertirlo en mi Cuaderno de Bitácora, donde anotar los vectores de viento y el estado de la mar, la velocidad y el rumbo de la nave, los descubrimientos personales que vaya haciendo al explorar territorios ignotos para mí; las reflexiones y opiniones que me vaya formando durante la travesía, sobre asuntos diversos relacionados, principalmente, con la historia, la política o nuestra convulsa e incierta sociedad; las experiencias o curiosidades que me llamen la atención, así como cuantos acontecimientos ocurran durante la navegación.

Al tratar estos asuntos, lo haré con las velas abiertas, libre de prejuicios y ataduras, alejado de lo políticamente correcto, que no conduce a ninguna parte. Si alguien sube a bordo y no comparte el rumbo, espero que lo haga con respeto a la tripulación, disposición al diálogo, que es lo que garantiza este intrépido capitán, y crítica constructiva, tratando siempre de evitar el motín, el naufragio, que la nave termine encallada entre las rocas, varada en la arena o convertida en el barco fantasma de la leyenda del holandés errante. El objetivo desde que zarpamos es arribar siempre a buen puerto.

Eduardo Valencia Aguirre