A ver quién la tiene más grande

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Putin dice que la suya no tiene rival. Desde la lejanía, Biden acepta el reto. Macron se apunta y Johnson, escarmentado de fiestas, tampoco quiere desmerecer. Sospecho que a los “hunos” y a los otros les importa más la dimensión de sus intereses geopolíticos que la defensa de la democracia en Ucrania, su integridad territorial y el sufrimiento de su pueblo.

Sabíamos quién era Putin y cómo se las gastaba, pero ocultábamos las vergüenzas debajo de la mesa infinita; incluso, tras la invasión, seguimos comprando a Rusia gas y petróleo, exentos de las sanciones occidentales. Sabíamos también quién era Bush y que no encontraríamos las armas de destrucción masiva, y a pesar de todo le acompañamos en la invasión y posterior ocupación de Irak; una operación que causó 655.000 muertos según The Lancet, pero aquello quedaba más lejos. Dicen que les preocupa el futuro de la democracia en Ucrania, pero no tienen inconveniente en fortalecer relaciones con regímenes totalitarios como los de China o Arabia Saudí; incluso vamos a jugar el mundial de fútbol en Qatar. Otros, que el que de verdad les preocupa es el régimen de Cuba… y el de Maduro, sobre todo, pero tampoco es verdad. Lo dicen solo para chinchar y de paso tapar su escasez de argumentos en la batalla política. Esta mañana, leo que EEUU quiere comprar petróleo a Venezuela y está dispuesto a revisar su política de sanciones.

Todo lo que sabíamos y sospechábamos no fue suficiente y el 24 de febrero nos desayunamos con una nueva pesadilla bélica, ésta más siniestra, si cabe, porque se libra casi a las puertas de casa. Así hemos pasado de las mascarillas a los misiles sin solución de continuidad.

Y ahora qué hacemos. Unos, los menos, dicen que rezar; algunos, menos aún, que salir pitando hacia Ucrania para coger un fusil; otros, con su indolencia habitual, que nada se puede hacer. Algunos insisten en la diplomacia y el no a la guerra; otros en multiplicar las sanciones económicas y de todo tipo para aislar a Rusia, haciéndoselo pagar caro; y la mayoría de todos ellos, en enviar armas para que los ucranianos intenten repeler la agresión, sin que nadie tenga que implicarse directamente.

No sé. Yo no lo tengo claro. Tal vez, si algo se podía hacer, debería haberse hecho antes, sin tanto postureo. ¿Ahora? Al menos tomar conciencia de que la hipocresía y el cinismo también matan. Y en eso algo tenemos que decir.

Lo cierto y verdad, es que cada día que pasa es un día más de desolación y muerte para los ucranianos, víctimas de la agresión de Putin sí, pero también de la lucha geoestratégica de las superpotencias.

Mientras le damos una vuelta al asunto, podemos escuchar a Serrat en el vídeo que abre esta entrada, en el que canta estrofas como estas:

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
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