Cría cuervos y te sacarán los ojos

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Tan fino, como siempre, en sus reflexiones sobre el anglocentrismo, Álex Grijelmo ha reparado en el cambio que están protagonizando los seguidores de la presidenta madrileña. Hemos conocido suaristas, felipistas y guerristas, aznaristas y marianistas. La tradición ha llegado, incluso, hasta los sanchistas. Pero ellos ya son ayusers. Tienen cuenta en Twitter y en Instagram y tienda en línea, o sea, online para quienes no lo entiendan en español. En Ayushop venden camisetas con los lemas más libertinos de la presidenta y a las gentes del PP les hace felices. Pero, con buen tino, advierte Grijelmo si Pablo Casado no andará preguntándose por qué todavía no han aparecido los casaders.

Un gato triste y azul

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Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones, le gustaba decir a un antiguo presidente de esta tierra de conejos. Lampedusa nos regaló un gato pardo, con el que quería cambiarlo todo para que nada cambiara. Y, entre los grises… cómo olvidar a Grisi, sus orejas tiesas, sus largos bigotes blancos y aquella discreta mirada felina. Pero… ¿hubo, alguna vez, un gato azul? y ¿triste? A juzgar por los trabajos del psiquiatra Jeffrey Burgdort, que lleva años estudiando las señales de la felicidad en los animales, puede que triste sí, pero lo de azul tiene su historia.

En Cachoeiro de Itapemirim, un municipio brasileño del estado de Espírito Santo, también hay gatos, siempre los hubo, como en todas partes. Allí nació, en 1941, un niño al que pronto apodaron Zunga. Cuando era un chiquillo… qué alegría… soñaba con ser famoso, tal vez cantante, algún día. Con seis años ya hacía sus pinitos en las emisoras de radio locales. Puso todo su empeño y lo consiguió. Lo que no sabía Roberto Carlos era que un gato le daría tantas alegrías.

Con su sueño cumplido, cuenta en el vídeo que en 1968 ganó el Festival de San Remo con una canción que no estaba entre las favoritas, Canzone per te; y que, sin embargo, cuando volvió en 1972 con una “favoritísima”, perdió. Esta era Un gatto nel blu, compuesta por el napolitano Gaetano ‘Totò’ Savio y el florentino Giancarlo Bigazzi.

Un gatto nel blu guarda le stelle, (Un gato en el azul mira las estrellas)
non vuol tornare in casa senza te. (no quiere volver a casa sin ti)
Sapessi quaggiù che notte bella, (Si supieras qué bella es la noche aquí abajo)
chissà se un gran dolore si cancella. (quién sabe si un gran dolor se puede borrar)

Un gatto nel blu, ecco che tu (Un gato en el azul, y de pronto tú)
spunti dal cuore, mio caro amore. (surges del corazón, querido amor mío)
Fra poco sarai negli occhi miei, (Dentro de poco estarás en mis ojos)
anche sta sera… una lacrima sei. (también esta noche eres una lágrima)

Tras el fracaso sanremesino, Buddy y Mary McCluskey la tradujeron al español y pronto entró en las listas de discos más vendidos como El gato que está triste y azul. Un gatto nel blu, un gato en el cielo, en el azul italiano cuando anochece, pasó a ser un gato en la oscuridad, un gato azul… y triste, por el recuerdo de un amor perdido… cuando era un chiquillo. Así pues, no hay gato encerrado en esta canción, sólo una licencia poética de los traductores y, aunque sigue sin entenderla, desde entonces, un gato azul… y triste habita en la garganta de Roberto Carlos.

El gato que está en nuestro cielo,
no va a volver a casa si no estás.
No sabes mi amor, qué noche bella,
presiento que tú estás en esa estrella.

El gato que está triste y azul,
nunca se olvida que fuiste mía.
Más sé que sabrá de mi sufrir,
porque en mis ojos, una lágrima hay.

Con el azul saturado y colas para entrar, en Reino Unido acaban de reconocer, por ley, que los animales son seres con sentimientos. Aún y todo, habrá quien le busque tres pies al gato, sobre todo si es azul, pero… quién lo dudaba.

Demografía pandémica

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Todavía falta más de media hora para que den las ocho, pero Ane y Markel ya están junto a la ventana mirando la calle vacía. Ha sido otro largo día jugando al escondite con el bicho, de largas horas para conciliar de lo lindo.

Viendo las calles vacías en aquellos meses de marzo y abril, de duro confinamiento domiciliario, quizá dejándome llevar por el mítico resultado del apagón de Nueva York, llegué a imaginar que nueve meses después viviríamos un auténtico baby boom, una explosión de natalidad.

Pero nueve meses después, los datos de los registros civiles me devuelven a la cruda realidad. Los nacimientos en diciembre y enero han caído estrepitosamente respecto a los mismos meses del año anterior, en los que no hubo ni bicho, ni confinamiento. Estos meses se han inscrito 45.054 bebés, fruto de aquellos días en los que nos encerramos en casa. Son 13.141 niños menos. Un registro que coincide con lo observado en otros países europeos de nuestro entorno, como Francia o Italia.

Solo en el pasado enero, el primer mes completo en el que pueden calibrarse las consecuencias del confinamiento, se han inscrito en el registro civil 6.889 criaturas menos que en el mismo mes de 2020. La diferencia es notable porque en enero de 2020 se registraron 511 niños menos que en enero de 2019. Si la caída entonces fue del 1,7%, la de ahora ha sido del 22,6%. Así que, además de llover sobre mojado, el chaparrón ha sido de aúpa.

¡Qué decepción! Es cierto que a veces me río por no llorar.

Estefanía optó por abortar al quedarse sin trabajo por el coronavirus; Guillermo y Paulina decidieron no tener su segundo hijo, amedrentados por la incertidumbre; Ane y Markel abandonaron definitivamente la idea de traer niños a este mundo, mientras miraban las calles vacías.

¡Cuántos proyectos vitales abatidos por el precariado! Esa sombra inquietante de un futuro incierto que está arruinando las bases de nuestra pirámide.

Democracia plena

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Por lo que parece, Pablo Iglesias ha vuelto a pegar otra patada al avispero nacional. Hace tiempo que las abejas andan revueltas, que la miel escasea y todo parece más amargo, pero decir que no hay “plena normalidad democrática” en España es llegar muy lejos, abrir un buen boquete en la colmena.

La respuesta, casi coral, ha sido que España es una democracia plena. Punto redondo. Pero, decir que no hay plena normalidad democrática en España y que España es una democracia plena ¿son acaso afirmaciones contradictorias? ¿puede haber anormalidades o anomalías en una democracia? Y si es así, a qué tanto aspaviento.

Muchos de los que ahora ponen el grito en el cielo y aseguran que España es una democracia plena calificaron de golpe de Estado la moción de censura a Mariano Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez, poniendo en cuestión su legitimidad, la del sistema democrático español y la de sus instituciones democráticas. ¿Es esto normalidad democrática? ¿Entra dentro de la normalidad democrática la situación en la que se encuentra el Parlamento español, la sede de la democracia, convertido en una jaula de grillos, de portavoces que vociferan cuando no insultan; en un pim pam pum diario de acoso y derribo al Gobierno, calificando a su presidente de mentiroso, traidor y okupa? ¿Es esto normalidad democrática? ¿Entra dentro de esa normalidad democrática vetar la renovación del órgano de gobierno (CGPJ) de uno de los pilares del Estado democrático de derecho, el poder judicial, dos años caducado? ¿Y la corrupción? ¿También? ¿El trasiego por los tribunales de líderes del principal partido de la oposición, imputados en tramas diversas, o la ausencia del rey emérito, alejado de España por sus chanchullos económicos, quedan al margen de esa normalidad democrática o también forman parte de la misma?  ¿Entra también dentro de esa normalidad democrática que militares retirados de alta graduación firmen manifiestos pidiendo al rey que acabe con el actual Gobierno?…

Bueno, pues a pesar de estas anormalidades o anomalías y unas cuantas más que afectan al sistema democrático español, la democracia liberal, homologada a las de nuestro entorno, no está en cuestión, pero haberlas haylas, y pretender ocultarlas debajo de la alfombra de la democracia plena no es lo mas sano.

Limitarnos a decir que la democracia española es una democracia plena, una de las 23 que hay, según The Economist, no nos debería bastar. Porque, además, es una verdad a medias. El concepto utilizado es una de las categorías, la máxima, otorgada por el Democracy Index que elabora anualmente la revista inglesa; un índice, de referencia en el análisis de la situación de la democracia en el mundo que, efectivamente, nos sitúa entre las 23 democracias plenas, pero ojo, porque España es la 22 de las 23, y está en claro retroceso, pues ha perdido seis posiciones en el ranking, y está a solo 0,12 puntos de caer a la siguiente categoría que es la de las democracias defectuosas.

Así que menos aspavientos y a corregir anomalías. Vamos, digo yo.

Con humor y mucho amor

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A los cinco sentidos tradicionales que hay que poner en todo, se suele añadir un sexto sentido, el sentido común, el menos común de los sentidos que decía Voltaire. Hay, además, un séptimo sentido, tan poco común como el sexto, el sentido del humor, con el que, añadido a los otros seis, cualquiera puede alcanzar la plenitud.

Porque el humor es algo muy serio, aunque no lo parezca. Nos distingue del resto de los seres vivos. Libera tensiones, genera alivio y diluye el estrés. Efectivamente, tiene una dimensión humana, un tono, que no todos pueden percibir, pero, aplicado en la dosis conveniente, ayuda a sufrir menos, a sobrellevar nuestras limitaciones, a empatizar con el otro. Difícilmente alguien con sentido del humor puede ser intolerante.

El humor es el reverso de lo sublime que diría Jean Paul Richter. No soluciona ninguno de nuestros problemas, pero ayuda a verlos desde una perspectiva distinta. El sentido del humor es, en definitiva, una forma de manifestar amor, hacia uno mismo y hacia los demás. Nos hace más humanos.

En Mis chistes, mi filosofía, Slavoj Žižek, el “filósofo más peligroso de Occidente”, recurre al sentido del humor para explicar su pensamiento con lances amorosos como el de la chica lista que ruega a la Virgen María: “Oh, tú que concebiste sin pecado, ayúdame a pecar sin concebir”; o al deconstruir pedagógicamente el delicioso diálogo de la película Tocando el viento, cuando la chica invita al chico a subir a su habitación preguntándole si le apetece un café. Él responde ingenuamente que no le gusta, a lo que ella replica con una sonrisa cómplice: “No importa, tampoco tengo”, explicando así el significado de la doble negación hegeliana. ¡Toma ya!

Pero no quiero perderme por los cerros de Úbeda. He llegado hasta aquí espoleado por dos documentos recientes, de finales del siglo I antes del Coronavirus, que desprenden humor y mucho amor. Son dos pruebas de amor, dos pruebas de humor, que han sido celebradas en las redes.

El primero, que se puede ver en la foto que abre esta entrada, muestra el efecto desinhibidor que el sentido del humor puede aportar en una relación amorosa. Se trata de una multa de tráfico que impuso a su pareja “el inspector enamorado” de Paysandú, en Uruguay, el 25 de mayo de 2019, por circular “con exceso de belleza”: “imprudencia en el manejo (circula con exceso de belleza en la vía pública), en aplicación del artículo 214 de la Ordenanza de Tránsito, según el cual los conductores deben abstenerse de conductas que puedan constituir un peligro para la circulación. A lo que añadió un “te amo”.

El segundo, que comparto a continuación, es una perla del mejor humor en el género necrológico. Una esquela publicada en El Diario Vasco de San Sebastián el 29 de febrero de 2020, en la que los hermanos y una prima lanzan un mensaje tranquilizador a la finada:

“Guru, no nos esperes levantada,
ya iremos llegando…
Tú a tu aire.”

Una muestra del efecto terapéutico que el sentido del humor puede tener ante la pérdida de un ser querido.

Victor Borge, el gran danés, decía que la risa, la sonrisa, es la distancia más corta entre dos personas y en estos momentos, en los que cambiaríamos tantas cosas por una risa contagiosa, me pregunto cómo los interpretaría Žižek, porque el sentido del humor es también filosofía de vida.

Parábola gorda

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De vez en cuando la Historia nos muestra páginas tan vivas que parecen columnas de actualidad. Una de ellas nos la ofrece El Mentirón, semanario satírico, literario e ilustrado alavés que vio la luz en Vitoria, en la primavera de 1868. Su artífice, director, redactor y dibujante, fue el republicano Ricardo Becerro de Bengoa, que escribía bajo el seudónimo de Recadero Bay.

Recurriendo a la parábola y al tono jocoso e irónico, para hacer más accesible su mensaje político, el ejemplar del 18 de octubre de 1868 planteaba asuntos tan actuales como la diversidad territorial en España y el debate monarquía-república, abogando por una república federal.

Becerro de Bengoa, insertó en aquel dominical una Parábola gorda sobre una madre, “doña pobre España”, y sus hijos: Castilla, que era “honradote, garbancero y acostumbrado a muy pocas libertades”; Andalucero, “más alegre que unas castañuelas, fantástico, un tanto perezoso y playero”; Catalán, “listo, bravo, emprendedor y libre”; y Vasco, “libre como los pájaros, poco hablador, tan pobre como juicioso y tan amante de su buena madre como el que más”. La madre se casó con un “desgarravísperas alemán que andaba por la calle” –en alusión a la dinastía Habsburgo–, quien se propuso acabar con la diversidad de costumbres y libertad que gozaban los hijos “vistiéndolos a todos con igual traje y de igual medida”. Lo mismo hizo el segundo marido de la madre, “un gabacho” –la dinastía Borbón–, al que un buen día los hijos, que “estaban en Cádiz echando un párrafo, de un puntapié lo lanzaron gabacho hasta Pau”.

Lamentándose la madre de los enredos de sus hijos, le comentó una vecina llamada “Doña República Federativa”: “Mire V., si otra vez se casa V. con otro franchute o con otro alemán o con un portugués o con el mismo duque de Edimburgo que fuera, está V. expuesta a tener otro nuevo dolor de cabeza: más vale que viva V. en paz con sus rentas y que a estos chicos les deje V. crecer según sus naturales aspiraciones y que se desenvuelvan cada uno según su genio; porque no hay cosa peor que imponerles a todos que son tan diferentes una misma cadena; haga V. lo que le digo y de seguro que le irá bien”.

La Historia no se repite, pero rima dijo Mark Twain. Si es así, esta podría ser una estrofa más de ese poema épico que es España.

El Mentirón: hojas para un álbum vitoriano. Artículos literarios de costumbres alavesas
Semanario dominical
Redactor y dibujante: Ricardo Becerro de Bengoa (Recadero Bay)
Vitoria (junio de 1868-abril de 1869)
De su carácter popular ofrecía buen testimonio el propio título de la publicación, que tomaba el nombre de una plaza próxima a la iglesia de San Miguel donde se reunían los vitorianos para charlar, además, como se puede ver en la cabecera, proclamaba ser el periódico ilustrado más barato del mundo.

Ricardo Becerro de Bengoa (1845-1902), profesor, escritor, dibujante y periodista vitoriano, fue un hombre de gran relevancia en el mundo cultural vasquista, fundador, junto con Sotero Manteli, del Centro Literario Vascongado y colaborador de la revista Euskal-Erria. Fue cronista honorario de Vitoria desde 1884 y escribió varias obras de historia y arte alaveses. A su actividad literaria y periodística sumó la política; firmó el Pacto de Eibar en 1869, desempeñó el cargo de diputado republicano a Cortes por Álava en 1886, 1891, 1893 y 1898 y fue nombrado senador del reino en 1901, justo un año antes de su muerte.

Fragile

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Un buen día, Gordon Mathew Thomas Summer, decidió dejar su trabajo de maestro de escuela en Cramlington, pueblo minero al norte de Newcastle, para seguir un camino que le llevaría a convertirse en catedrático del rock. Sting, tocó la gloria con The Police. Pero… otro buen día, decidió continuar por ese camino en solitario.

Y llegó Fragile, uno de los temas incluidos en su segundo álbum de estudio, “…Nothing Like The Sun” (Nada como el sol). Con el sello de alma y compromiso que imprime a sus canciones, Sting compuso Fragile pensando en Benjamin Linder, un ingeniero civil estadounidense abatido por la “contra” nicaragüense, el 28 de abril de 1987, cuando se encontraba trabajando en un proyecto hidroeléctrico para suministrar energía a las zonas deprimidas del norte de Nicaragua; sintiendo cómo la lluvia tropical empapaba su cuerpo.

La lluvia sigue y sigue cayendo,
como lágrimas de una estrella,
una y otra vez la lluvia nos dirá
lo frágiles que somos.

El 11 de septiembre de 2001, Sting preparaba un concierto íntimo ante un público formado por un pequeño grupo de amigos y fans en su casa de la Toscana italiana, que sería transmitido por internet para todo el mundo y se convertiría en su primer álbum en vivo en quince años “… All This Time”. Mientras daba los últimos retoques le llegó la trágica noticia del ataque al World Trade Center de Nueva York.

“Me enteré sobre las tres de la tarde y teníamos que empezar a las nueve. No sabía qué hacer. Para colmo, uno de mis mejores amigos estaba en las malditas Torres Gemelas. Y sentí que había muerto. Reuní a toda la banda y les pregunté cuál era su opinión. Todos me dijeron que lo mejor era hacer el concierto. Y acepté”. Como gesto de respeto a las víctimas, Sting decidió transmitir sólo una canción: Fragile.

Aunque fue escrita en 1987, su mensaje sigue vigente. Más, cuando un virus microscópico es capaz de poner a nuestra civilización contra las cuerdas, dejando en evidencia lo frágiles que somos.

Ya no sé si soy de aquí, o si soy de allí

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Se me quedó la oreja cuadrada cuando poco después de hacer una propuesta a la dirección de mi empresa, me respondieron diciendo que ya habían dado al personal implicado un briefing. Bueno, pues de un tiempo a estar parte, me está pasando lo mismo con el ojo y no me gusta un pelo lo que veo. La lengua de Shakespeare se va colando en nuestro día a día sin darnos cuenta, de una manera sorprendente y abusiva. Como vamos a ver, se trata de una invasión cultural en toda regla.

Los anglicismos siempre han sido acogidos con naturalidad. Palabras como líder, récord, hobby, esnob, rol, comfort, mitin, sándwich, dandi, cóctel, striptease y tantos otros, se fueron incorporando con normalidad a nuestro diccionario. Como el mismísimo fútbol (football), uno de los primeros en llegar y que tanto juego ha dado y sigue dando, incluso a quienes nunca han sido aficionados. Quién no sabe lo que es estar en órsay, casarse de penalti o meterle un gol a alguien, o desconoce su corolario inevitable de derbis, hooligans y demás. Muy pocos, como el Real Betis Balompié, fueron capaces de resistir la embestida. Ahora le toca al baloncesto, que está siendo desplazado por el basket: Valencia Basket, Gipuzkoa Basket, el Basket Zaragoza y el equipo de los men in black, los chicos del Bilbao Basket, son botones de muestra.

Pero, como digo, vasta sólo con poner el ojo y la oreja en nuestra realidad cotidiana para quedar flipados (de to flip) con lo que podemos ver y oír. Sobre todo, si tenemos en cuenta que sólo el 27,7% de nuestros conciudadanos sabe inglés, si hemos de hacer caso al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y ya me parece mucho.

Paseando por el centro, veo rótulos y letreros que anuncian: Professional hair & beauty, Home Decor; Love & Paradise; Low-Cost Fashion; More Ways To Shop; Welcome Back, Sketch concept, It Market. Hasta el 70%, Outlet en el interior, y un autocar de Iparbus que presume de luxury class. En la puerta del wc (water closet) del parking, alguien ha escrito Lamb of God. El mercado acoge un brunch solidario, hay Rock party en el barrio de El Antiguo y la cerveza artesana local se promociona en el Palacio de Miramar como Craft Beer. En Lo Viejo, se abre un speakeasy; el restaurante La Mafia cierra con un Sorry, we’re closed; y los veganos organizan en Ficoba la feria Be Veggie. Podemos disfrutar del Sakona Coffe Roasters a orillas del Urumea y comprar pan en The Loaf Bakery Donostia, en la Zurri, o en M&M bakery lovers, en la calle Urbieta. El coche de adelante lleva en la luna trasera una pegatina que advierte: ¡Baby on board!

Cambiamos noticias falsas por fake news, acontecimientos por eventos (de to event) o directores generales por CEOs (Chief Executive Officer). La semana de la moda es la Fashion week y hasta la pastelería Otaegui ha sustituido la tradicional tarta de queso por el cheesecake. Clasificados como millennials o baby boomers, nos hacemos selfies, buscamos productos low cost y si los encontramos con label de calidad, miel sobre hojuelas. El footing ha dejado paso al running. Hay que estar al día. Los más osados disfrutan con el puenting y algunos, solo algunos, prefieren el balconing. El doping se sube a la mountain bike. Fitness, mindfulness o mindful fitness, he ahí el dilema; y ¿para leer?, ¿mejor tablet o ebook? El PAÍS ofrece podcasts imprescindibles y El Diario Vasco newsletters personalizadas que no encontraremos en el top ten de los best sellers.

El frigorífico que sea no frost y el desodorante roll-on. Los auriculares, wireless y mejor con bluetooth. Un short y un jersey. Un slip y unos jeans. Si hay en stock. A los hipsters les va el estilo vintage. Es lo más in. Yo prefiero el casual. Una top model con un piercing en el ombligo hace topless, mientras el rey desata la polémica con un pin en la solapa. No hay feeling. Un fan de Sabina hace playback; hasta que ha asomado la cabeza por Abu Dabi, el rey emérito ha estado missing; el inefable alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, es víctima de un provincianismo kitsch; la ministra Calviño insiste en el pressing a Ciudadanos; y la Guardia Civil ha utilizado un off the record de Irene Montero.

Las jugadoras de sófbol del Atlético San Sebastián son las Go Blues. El bádminton guipuzcoano está de enhorabuena, nace Donosti Shuttle con el firme objetivo de subir a Primera División. Los aficionados a la marcha nórdica se han agrupado en la Asociación Nordic Walking Donostia. El colectivo de mujeres que denuncia la violencia machista en la Plaza de Gipuzkoa se hace llamar Women in black. EmakuMeeting es la asociación de mujeres emprendedoras de Euskadi. La prensa dice que cada vez hay más establecimientos Dog Friendly y que si eres de la comarca y vendes producto propio, puedes participar en la feria Made in Urola. Además, Oh My Walk! nos ofrece recorridos temáticos con el objetivo de mostrar Donostia con otros ojos y despertar la curiosidad por lugares por lo que pasamos todos los días.

En la prensa deportiva leo que en Barcelona añoran las tardes de gloria del dream team; que Cristiano Ronaldo y Florentino se han abrazado en un backstage; que el Cholo Simeone es un box to box, y se gana pronto el respeto; que el confinamiento ha servido a Borja Iglesias para resetear; que hay overbooking en la plantilla del Levante y playoffs hasta en las regatas de traineras; que el stage del Villarreal se retrasó y que Blanca Romero se ha incorporado al staff técnico de la selección. Todos sorprendidos por el hat-trick de Joaquín.

¿Te has bajado la app? El asunto sigue en standby. ¿Has hecho un backup? Tendremos que resetear (de to reset). ¿Te acuerdas del password? Mándamelo por email. Ojo con el spam. ¡No hay manera de moverse por Internet sin aceptar cookies constantemente! ¿Tenemos que loguearnos? (de log in). Con un click en el link será suficiente. ¿Merece la pena rootear el smartphone? El like es la unidad mínima de expresión y el steacker una alternativa. Un chat. Un desparrame de memes y stories. Con una buena gestión de hashtags puedes ser trending topic y millones de followers ven con preocupación cómo los hackers comprometen el rol de los influencers. ¿No les podemos banear?

Todo, o casi todo, puede hacerse online. El examen, tipo test. ¿Necesitas un coach? Muchos ya lo tienen. Los jóvenes salen en plan random y muchos disfrutan intentando salir airosos de un escape room. El coliving es la solución. ¡Qué heavy! Un barman, un pub con un agradable chillout de fondo, un buen deejay (dj) pinchando covers relajantes. Una propuesta slow, porque el stress nos mata. El acoso se reparte entre el mobbing y el bullying. ¿Y para comer?… ¿un burger? Si me das a elegir… prefiero un grill. Stop a las comidas que no sean lights. Para un rider, cada minuto cuenta. Los partidarios del batch cooking recomiendan usar túpers de cristal.

Hay quienes se empeñan en montar el show, otros en darnos el mitin poniendo cara de póker. Y nos dejan k.o. (de knock-out). Hay que cambiar el chip. Alonso es un killer, Nadal un crack y la señorita Riqui un poco friki (de freaky). Nada es capaz de detener el show de Trump, un outsider en el sprint final de su mandato. Todo un bluf. El premio consiste en un kit de depilación, un pack de experiencias válido para una noche de hotel o una master class en el Basque Culinary Center. Más de uno lo prefiere en cash. Fulanito se ha hecho un bypass para driblar a la parca (de to dribble) y menganita un lifting. ¡Hay que cambiar el look! Ante un póster del Che, algunos aseguran que hay un revival del comunismo. Otros dicen que el mundo está al borde del blackout. La democracia es un auténtico work in progress.

Master chef celebrities, Idol kids, Sábado deluxe, First dates, Vaya crack, Flash moda. El Late Motiv de Andreu Buenafuente es el late night español. En la Sexta, Al rojo vivo hace periodismo on fire. Antena 3 ha estrenado Mask Singer, con “el mejor casting”, y la 1, Typical spanish. La audiencia reclama más realities y talents. Todos preocupados por liderar el prime time y el share. Y nosotros haciendo zapping. ¿Un sketch o un spot? Un sketch. ¿Un remake?, ¿un biopic?, ¿un spin-off o una road movie? Estoy viendo el tráiler de un thriller. No queremos spoilers. El boom de las series es el gran enemigo de la siesta y, casi sin darnos cuenta, hemos pasado del download al streaming.

En la sección de ofertas de empleo encuentro demandas de Sales Assistant, Customer Service, Growth Hacker, Key Account Manager, Data Analyst Consultant, Business Developer Junior y un largo etcétera que quién sabe. El dinamismo emprendedor fluye entre startups y clústeres. En Europa reconocen nuestro know-how. Las empresas buscan partners y esperan un feedback positivo. Muchas han pasado del outsourcing al reshoring. Los expertos estiman que millones de dólares se mantienen off shore. Nos gusta el fair play, hasta el financiero. Sin un sponsor el crowdfunding puede ser una buena opción. Para muchos la solución es el trabajo como freelance en un coworking. La jornada es full time. El lunch, un servicio de catering ideal para reponer fuerzas. Han programado un break y un afterwork para hacer networking.

La Sociedad de Fomento del Ayuntamiento impulsa las becas Global Training y el programa #PUC, Pop Up Comerce, concebido para promover ideas innovadoras en el comercio donostiarra. El Donostia Buskers Festival pretende acercar la música de calle a la ciudadanía. La Diputación Foral organiza el Gipuzkoa Talent Forum y la Junta de Gobierno del Ayuntamiento una Talent House. En Semana Grande, han convertido la terraza del Kursaal en una Street Food y Ur Kirolak ha organizado en la bahía la Donostia/San Sebastián Bay Rowing. En octubre, hemos celebrado el Donostia WeekINN, la VII edición de la Semana de la Innovación, con actividades en los centros educativos, como el Donostia Innovation Challenge, un minecraft adaptado al espacio de la Isla Santa Clara, una gymkana y un escape room. Además, se ha ofrecido un espacio online para conocer startups locales. Pero este año no hemos podido disfrutar de la Holi Fest en Semana Grande; ni del Pop Up Chic en el Hotel Londres; ni de la Paella in live!! en La Concha; ni del Hondarribia Summer Market.

Que solo un 27,7% de la población sepa inglés no es un hándicap para los departamentos de marketing de muchas empresas: Just do it (Nike), Go Further (Ford), Connecting people (Nokia), What else? (Nespreso), I’m lovin’ it (McDonald’s), Imposible is nothing (Adidas), Passion for life (Renault), Pretty, comfortable & sexy (Women’secret), ¿cómo? ¿sexy?… Women are back (Mango), Goodbye celulitis (Nivea), The King is here (Budweiser), Life’s a journey/¿Por qué no? (Samsonite), son algunos de los cientos de eslóganes dirigidos a potenciales compradores que desconocen el idioma. Hyundai espera que este año sea menos black y más week! y El PAÍS lleva a portada, ¡completa!, la promoción de un producto de Oatly con el siguiente mensaje: It´s like milk but made for humans. Por favor, ¡disfrútala!

Pero me sorprende aún más la cantidad de gente que parece querer transmitir algo a sus conciudadanos y viste camisetas con mensajes en una lengua que la mayoría desconoce: I’m a dreamer, Maybe i like you, maybe not, Stop wishing Start doing, Future important woman, Girls are strong, All power to the people, Refugess welcome, Air needed, Why, why, why; la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, se ha paseado con una que decía Yes, i’m a feminist y la diputada Rafaela Romero con otra en la que se leía The future is female. Por qué, por qué, por qué. Cuando pregunto cómo es posible, la respuesta que obtengo es que queda más cool y ya entro en shock.

Nole elige sparring, Sánchez salva el primer match ball de los presupuestos y la muerte del Pelusa peta las redes con sus highlights. Desde que se han impuesto las restricciones a los bares, en el de abajo han puesto un cartelón en la cristalera que grita desesperadamente take away.

Más de uno, si ha llegado hasta aquí, dirá OK, boomer, que la Fundéu traduce como ‘lo que usted diga’ o, de manera más despectiva, ‘vale, viejo’, pero es para darle una vuelta. ¡O no!

Cuenta Alex Grijelmo que cuando en una ocasión vio a una mujer con una camiseta en la que se leía No hay pan para tanto chorizo, le entraron ganas de darle un abrazo, y no me extraña, porque seguramente le pasa como a mí, que ya no sé si soy de aquí, o si soy de allí.

But… don’t worry, be happy

One minute you’re here (next you’re gone)

Tiempo de lectura: 2 minutos

El 23 de septiembre Bruce Springsteen sopló 71 velas, con la fuerza y el talento necesarios para seguir haciéndonos sentir la música y su vigésimo disco de estudio, a punto de ser lanzado a los cuatro vientos.

En noviembre del año pasado el boss volvió a reunir a la legendaria E Street Band en su establo de Colts Neck, en Nueva Jersey, para grabar Letter to You. El hilo conductor que recorre el disco es la muerte, la pérdida de amigos y excompañeros de banda.

“Baby baby baby, i’m coming home” canta Bruce Springsteen en los primeros compases del tema que abre esta entrada, One minute you’re here (next you’re gone). Vuelve a casa, para llevarnos con su guitarra acústica por caminos de hierro, de manera dulce y acompasada, en una metáfora de nuestra efímera existencia:

“El gran tren negro llega vías abajo, haz sonar tu silbato una y otra vez,
hace un minuto estabas aquí, al minuto siguiente te has ido”

Letter to You es una carta escrita a corazón abierto. Un diálogo con los amigos y excompañeros que han ido quedando junto a las vías, con sus fantasmas y espíritus, esos que se le aparecen ahora solo en sueños. Él mismo se incluye entre los destinatarios: “Ves venir el último tren –declaraba a ‘Rolling Stone’– y sabes que las últimas estaciones que te quedan están contadas”. Pero también es una carta que desprende un reconfortante aroma a supervivencia, un homenaje al espíritu del rock & roll.

El boss tiene, además, el don de la oportunidad, porque esta reflexión sobre la naturaleza temporal de nuestra existencia nos llega, precisamente, en un momento en el que un desconocido nos espera, agazapado, a la vuelta de la esquina con la guadaña afilada… “hace un minuto estabas aquí, al minuto siguiente te has ido”.

En la casa de las mil guitarras, Springsteen levanta su copa y nos propone un brindis. “Por el rock & roll”, dice, y hace una pausa larga antes de continuar: “o lo que queda de él”, y se ríe.

Es la mediocridad, idiotes

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“Diríase que los políticos son los únicos españoles que no cumplen con su deber ni gozan de las cualidades para su menester imprescindibles… Si esto fuera verdad, ¿cómo se explica que España, pueblo de tan perfectos electores, se obstine en no sustituir a esos perversos elegidos?”
José Ortega y Gasset. España invertebrada (1921)

No pretendo molestar a nadie, sólo reflexionar sobre un asunto que me llama poderosamente la atención como es el de la desafección. En la Grecia clásica, los idiotes eran aquellos ciudadanos que, pudiendo participar en los asuntos de la polis, los asuntos públicos o políticos, deliberadamente se apartaban. A Pericles no le gustaban un pelo y si hoy levantara la cabeza se moriría del susto, porque en nuestras polis cada vez hay más idiotes.

El descrédito de la política se manifiesta con desdén y hasta con indignación en la conversación diaria: ¡Todos los políticos son iguales!, se repite como un mantra; ¡los mismos perros con distintos collares!; una panda de charlatanes mediocres, fanáticos, catetos y, a veces, hasta ladrones; constituidos en una élite o clase que sólo vela por sus intereses.

El penoso y lamentable espectáculo de crispación que los gestores de la vida pública, nos ofrecen a menudo en el Parlamento, enzarzados en peleas de gallinero, dedicados a aclamar o abuchear en bloque a propios y extraños, no hace sino confirmar que efectivamente no están a la altura que se espera de ellos.

Entre los muchos problemas que tiene España, dice Luis Haranburu Altuna (“La decadencia de España”. DV. 8-09-2020), “no es el menor de ellos la mediocre calidad de nuestra clase política”, y los españoles están muy de acuerdo con Haranburu. Detrás del paro, la “clase política” es el segundo problema de España, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En concreto, los políticos, los partidos y la política en general, figuran identificados como un problema en el 49,5% de las encuestas de este organismo. Es lo que los politólogos llaman desafección. Muchos ciudadanos no se sienten representados. Sólo ven en la política mediocridad, crispación y corrupción.

Pero, ¿los españoles merecen otra clase política? Y si nos preguntamos, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Probablemente encontraremos que la respuesta no entraña una gran dificultad. En realidad, se trata de un dilema felizmente resuelto desde que el físico Jorge Wagensberg demostró que primero fue el huevo, aunque no fuera de gallina. Lo realmente difícil es no ver la mediocridad en nuestro entorno, convertida ya en una marea gris que lo va inundando todo. Da igual si el ámbito es político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire se constata el triunfo de lo mediocre.

Hace tiempo que nuestra sociedad malinterpretó el principio aristotélico del término medio e hizo de la medianía, la excelencia. Hemos construido un orden en el que la media es el estándar, la referencia para casi todo. Como ha dicho José Luis Larrea (“La dictadura de la mediocridad y las ranas”. DV. 9-02-2020), “una sociedad que reclama la uniformidad, el café para todos, que ningunea la diferencia, que rechaza la singularidad”. Es la sociedad del sálvese quien pueda, que retrató José Ingenieros en “El hombre mediocre”, que desdeña lo ideal en nombre de lo inmediatamente provechoso, que habita ese espacio transversal en el que sus miembros parecen indistinguibles, que se refugia en ese lugar cómodo del espectro, que no exige pensar mucho. Es la sociedad del sándwich mixto, de la que hablan los sociólogos, de indudable pobreza gastronómica.

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Según Eurostat, el 43% de la población española de entre 25 y 64 años tiene un nivel educativo bajo. Es decir, casi la mitad de los adultos que viven en España tiene una formación equivalente o inferior a la primera etapa de educación secundaria. Sólo países como Portugal y Malta están peor y duplicamos la media de la UE, que en este caso no nos sirve.

En la Encuesta de Hábitos Culturales, un 35% de los españoles se atreve a reconocer que no lee nunca o casi nunca y un 12% que sólo lo hace ocasionalmente. Y muchos de los que utilizan las redes sociales, no sienten la necesidad de leer más allá de los 280 caracteres que admite un tuit. Una parte importante de la población es adicta a realities o tertulias de celebrities sin fundamento. Entre los productos más degustados de la parrilla televisiva esta, por ejemplo, Supervivientes, con algo más de cuatro millones de espectadores (4.059.000 según Statista, mayo 2020), como en su momento lo estuvo Gran Hermano, o La isla de las tentaciones, el programa más visto de la historia de Cuatro, alcanzando el 30% de cuota y más de tres millones y medio de espectadores. Si en los setenta el programa de debate era La clave, de José Luis Balbín, hoy es Sálvame tomate con 2.141.000 seguidores (El Economista, 26-10-2020) o programas similares, incluidos sus variantes naranja y limón, en los que el grito y el aspaviento son las expresiones de lo que impera argumentativamente: la pasión. Y para ello no hace falta pensar o saber.

Para ser popular hay que ser mediocre le dijo a lord Henry la duquesa de Monmouth mientras servía el té, y a fe que muchos se lo han tomado al pie de la letra. Pero tantas horas dedicadas al morbo y al chafardeo, durante tanto tiempo, han hecho un daño considerable a esta sociedad, estimulando viejos vicios como la envidia y una cierta soberbia de la ignorancia. Al final, a los mediocres no les ha hecho falta saltar mucho para superar el listón, de tan bajo que lo hemos puesto. Hoy he visto que Rossy de Palma, la más fea entre las feas, triunfa en la pasarela, convertida en la última musa de Jean Paul Gaultier.

Nos abochornan los espectáculos que se ven en el Parlamento, pero hace tiempo que la crispación se hizo carne y habitó entre nosotros. La intransigencia, el insulto y el uso de argumentos falsos e inaceptables desde cualquier punto de vista, se manifiestan en las discusiones informales generando incluso un nuevo vocabulario: covidiotas, perroflautas, machirulos, feminazis, y tantos otros términos recientes que parecen encerrar un fuerte componente creativo del odio social. Una parte importante de nuestra sociedad se ha embrutecido, hasta el punto de perder los valores básicos que mantienen el tejido social en pie, la tolerancia y el respeto.

No hay como asomarse a las redes sociales para comprobar el punto de agresividad y resentimiento que rezuman. Son un campo minado, de más emociones que reflexiones, con sapos y culebras a flor de piel. Al amparo del anonimato, se dialoga mediante zascas y gana el que logra el insulto definitivo. Un poco en la línea marcada por el devenir de los medios de comunicación en este país, sobre todo a partir de la irrupción de los medios digitales que, como ha dicho Manuel Cruz (“Profesión: sus insultos”. EL PAIS, 9-08-2020), “ha convertido en encarnizada la batalla por ocupar el más alto lugar en la jerarquía de los faltones”.

¿Hay un vínculo misterioso entre discordia y mediocridad? No lo sé. Quizás. Lo que sí parece claro es que la alianza del homo videns, del que habló Sartori, y el homo digitalis, puede estar poniendo en peligro la existencia del homo sapiens.

Nos preocupa también la corrupción en la política y no es para menos, aunque esta sociedad haya hecho de la picaresca su norma de conducta. El pago sin IVA, o en efectivo, para blanquear; el cobro en negro, sin nómina, sin factura; la contabilidad “en b”, las llamadas “chapuzas”, son algo corriente, como se dice ahora, normalizado. La economía sumergida supone en España el 24,6% del PIB, es un 65% mayor que la media de los países del entorno, aunque esta media tampoco nos sirva. En euros se traduce en un total de 91.600 millones al año que no llegan a las arcas públicas, según los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), por no hablar del fraude y la evasión fiscal por parte de las grandes fortunas y patrimonios. España es el noveno país del mundo que más defrauda según la OCDE. Como dicen los técnicos de Hacienda en el informe que he leído, “no hay que olvidar que detrás de la existencia de un determinado nivel de economía sumergida está lo que una sociedad quiere ser”.

Visto lo visto, a quién le puede extrañar que un candidato a la presidencia del gobierno recomiende lecturas de libros que no ha leído, que una senadora pregunte en la cámara a una ministra si es una mujer sumisa a un macho alfa, que los sapos y culebras habiten entre los escaños, que los zascas lleguen a la tribuna de oradores o que los chanchullos se encarnen en la figura del jefe del Estado.

En febrero de 2012, el periodista David Jiménez publicó en su blog un artículo de recomendable lectura, titulado “El triunfo de los mediocres”, que se ha hecho viral tras ser atribuido, erróneamente, a Antonio Fraguas “Forges”, en el que decía: “Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre”.

Si volvemos a preguntarnos ahora ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?, probablemente estemos en mejores condiciones para entender que Wagensberg tenía razón, que primero fue el huevo, y a nada que perseveremos un poco más en la reflexión, llegaremos a la conclusión de que de los huevos de pato nunca salen cisnes.

Una sociedad mediocre solo puede engendrar mediocridad. Partidos y dirigentes políticos mediocres, efectivamente, pero también jueces mediocres, empresarios y financieros mediocres, sindicatos mediocres, medios de comunicación mediocres, intelectuales mediocres y creadores mediocres, que dejan su sello en una música, una literatura y un cine mediocre. Jamón y queso por doquier, en una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Así que no es de extrañar que nuestros representantes sean tan mediocres como la sociedad a la que representan y que nuestro Parlamento sea el fiel reflejo de nuestra sociedad. Lo ha dicho Giselle García Hipola, doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad de Granada: “Las instituciones son el reflejo de la sociedad en la que vivimos”, a lo que añade: “también como sociedad nos tenemos que mirar en el espejo antes de echar toda la culpa a los políticos”. En efecto, la sociedad imprime carácter y por si a alguien todavía le cabe alguna duda, podemos recordar al profesor Maravall, cuando decía: “parece claro que la moderación ideológica de la sociedad española contribuyó decisivamente a la moderación política de los principales partidos que protagonizaron la transición a la democracia”. Eran otros tiempos. Hoy, no está a la altura. Por todo ello, y a pesar de todos los pesares, me cuesta tanto entender tanta desafección. Porque estamos ante un fracaso colectivo.

Y entonces, ¿qué hacemos? ¿nos resignamos? De ninguna manera. Entender no es justificar, no exime de culpa, sino que la reparte. Solo si entendemos lo que está pasando podremos encontrar soluciones sin convertirnos en idiotes, sin optar por quedarnos al margen dejando el campo abonado para los que se mueven con soltura en los espacios de mediocridad.

La clave del problema está en la educación. Y la solución. Paradójicamente, en el barómetro del CIS del 1 de julio pasado la educación aparecía en el duodécimo lugar entre los problemas de la sociedad española, con solo el 0,2% de los encuestados situándolo en primer lugar. Otros como Amin Maalouf proponen “la adopción de una escala de valores cuyo fundamento sea la salvación por la cultura”. Ambas nos sacarán de la dieta del sándwich, pero tan cierto como que no hemos llegado a esta situación de la noche a la mañana es que nos costará salir. “El registro temporal en el que actúa beneficiosamente la cultura o la educación es el de la larga duración y no el de los resultados inmediatos”, como nos ha dicho Daniel Innerarity (“La inutilidad de la cultura”. DV. 16-08-20).

El pensador Alain Deneault también se lo ha preguntado en su libro “Mediocracia: cuando los mediocres toman el poder”: “Pobre e insignificante de mí, ¿qué puedo hacer yo para cambiarlo?, y se ha respondido a sí mismo, ¡Sé radical! Radical en las convicciones claro, a pesar de todos los pesares. Sólo así podremos tener representantes de más altura. La Democracia, otro invento griego, convertida hoy en mediocracia, no es la panacea, la gallina de los huevos de oro, solo el menos malo de los sistemas para gobernarnos, como nos dijo Churchill, porque las alternativas conocidas son peores, y sin participación ciudadana no habrá democracia.

El hastío, el desánimo y la indignación están generando en mucha gente el deseo de apartarse de los asuntos de la polis, de que les dejen en paz, una actitud más peligrosa que la polarización, pero ojo porque como señaló con razón Bernard Crick en su libro “En defensa de la política”, “la persona que desea que la dejen en paz y no tener que preocuparse de la política acaba siendo el aliado inconsciente de quienes consideran que la política es un espinoso obstáculo para sus sacrosantas intenciones de no dejar nada en paz”. Es de sobra conocido el consejo que Franco le dio a Sabino Alonso Fueyo, director del diario “Arriba”, cuando éste se mostró quejoso ante su excelencia: “Usted haga como yo, no se meta en política”, le dijo.

El fomento de la apatía política y el descompromiso, como os contaré en otro momento, es una recomendación documentada desde 1975 (Comisión Trilateral, “The Crisis of Democracy. Report on the Governability of Democracies”) para combatir lo que se dio en llamar el “exceso de democracia”.

“El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres”. Lo dijo Platón, otro griego sabio, hace muchos años.

Esta mañana he pasado junto al estanque del parque Cristina Enea y he visto nuestra sociedad reflejada en el agua: mucho pato y poco cisne. Y por si alguien se ha hecho una idea equivocada, yo estaba entre los patos. Es la mediocridad, idiotes.